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MONSEÑOR FRANCISCO CLAVEL GIL


Nació el 3 de diciembre de 1935 en Tlacotepec, Estado de México, situado a 5 km. del sur de Toluca. Ahí mismo realizó sus primeros estudios, como cualquier otro niño de su barrio, creció con las diversiones, juegos y travesuras de un niño de campo.

De niño fue apegado a al Iglesia y participó en ella en diversas actividades como en el Grupo de Niños Vanguardistas y en la Acción Católica, participó en retiros espirituales y ahí mismo fue al catecismo. De acuerdo a la costumbre del pueblo, hizo la Primera Comunión junto con los otros niños de la escuela, y también según la tradición de ese lugar, ese día debían de pasarlo en la casa del padrino, esto quería manifestar, de alguna manera, una cierta «pertenencia» a la familia del padrino.

Como acólito, una de sus tareas consistía en acompañar al sacerdote que iba a celebrar la Eucaristía a pueblos aledaños.

Ingresó al seminario menor de Temascalcingo el 9 de diciembre de 1947, ese día lo acompañó el Pbro. Pedro Clavel maestro del seminario y hermano suyo. Cursó en ese lugar 1º y 2º de latín. De ahí conserva varios recuerdos: cuando iban al campo buscaban “hacerse” de duraznos ajenos, ya que ellos no podían comerlos con frecuencia.

Siempre le llamó la atención lo grande de la casa y los cantos en la capilla, como había sido cantor en la catedral cuando era niño, disfrutaba enormemente la solemnidad con que se cantaban los salmos.

Durante esos primeros años de formación sacerdotal, él y sus compañeros tenían poco contacto con la gente. Vivían en el seminario y sólo salían una vez al mes cuando había una excursión al campo o al río.

De ahí pasó a una parroquia de Tlalpan donde estudió el 3º y 4º de latín.

Presidió su primera misa el 30 de junio y su primera misa solemne fue en su pueblo el 26 de agosto de ese mismo año.

Su primer cargo después de su ordenación fue de maestro y prefecto en el seminario menor donde él mismo había estudiado, tarea que asumió durante 9 años.

En 1969 fue nombrado secretario particular Sr. Arzobispo Don Miguel Darío Miranda, al año siguiente fue enviado a estudiar a la Universidad Salesiana de Roma donde obtuvo la licenciatura en Ciencias de la Educación.

Cuando regresó (1972) fue nombrado Vice-Rector del Seminario Mayor.

Después de tres años fue incorporado al equipo sacerdotal que atendía el Apostolado Seglar. Su tarea consistía en atender todos los movimientos de laicos: Cursillos de Cristiandad, Movimiento Familiar Cristiano, Jornadas de Vida Cristiana, etc.

Se le dio la encomienda de crear un centro para la formación de seglares. Lo que más le gustó de este trabajo fue ver cómo el seglar va descubriendo su lugar en la Iglesia y su vocación para influir como cristiano en el mundo donde vive. De cómo va teniendo conciencia de sus deberes y derechos en la Iglesia y su responsabilidad de impregnar con el evangelio toda su vida civil. Todo esto, lo vivió Mons. Clavel a la luz del documento Evangelii Nuntiandi del Papa Paulo VI donde el No. 70 le pareció clave:

El vasto mundo de la evangelización de los seglares es el campo de la economía, la política, la cultura, las ciencias y las artes.

El laico tiene que vivir ahí, tiene que evangelizar ahí. Y para lograrlo se necesitan tres momentos en la formación: sensibilización, concientización y acción. El laico no puede ni debe vivir al margen del mundo sino incrustado en él para irlo sanando con su propia vida.

Fue nombrado obispo por el Papa Juan Pablo II en junio de 2001 y su ordenación episcopal se celebró el 15 de agosto del mismo año.

Para Mons. Francisco Clavel los principales obstáculos a vencer son el materialismo desaforado. Se ha perdido el sentido de Dios y por lo tanto el sentido del hombre. Se ha generado un enorme egoísmo que lleva al hombre a sentirse autosuficiente olvidándose del Señor. Frente a esto, lo que se busca con la formación, es que los seglares descubran en el prójimo la presencia de Dios y así vivir la fraternidad rompiendo el egoísmo.

Por otro lado está la superficialidad de los cristianos, donde las verdades del evangelio llegan a la cabeza pero no al corazón. No se vive lo que se cree. Se puede pensar como cristiano pero no se transforma ni se modifica el entorno.

Además está el «minimalismo» del cristiano, donde se considera que la preparación a la primera comunión es suficiente para vivir una vida cristiana y no se busca un conocimiento más profundo de Jesús. Para la vida cristiana y civil hay que tener una preparación seria, no basta la primera comunión.

Probablemente esto se debe a que se ve el cristianismo como exigencia y no como una expresión de amor a Dios y al prójimo.

De la familia, la Iglesia doméstica, Mons. Clavel opina que ha dejado de ser en gran medida, la verdadera educadora. Ahora quien educa es la televisión, la prensa, la calle, la escuela y profesores, ya no se forma a los niños con principios cristianos.

Somos un pueblo bautizado pero no evangelizado. No vivimos el evangelio. Necesitamos por un lado, profundización y formación en la fe y por otro, valorar diversas expresiones no por ser sencillas son menos profundas.

Para enfrentar y superar las grandes dificultades que se viven actualmente en el mundo y en la Iglesia, Mons. Francisco Clavel dice:

« Yo propondría una catequesis más de vivencia del evangelio que de conocimiento. Una catequesis que interpele e ilumine lo que somos y lo que hacemos todos los días, el trabajo, la familia, la escuela, la relación con los demás, etc. Para ello es necesaria la comunión entre nosotros, reflexión común, vida familiar e impulsarnos mutuamente para ir teniendo referencias evangélicas.

Es necesario impulsar más la vivencia evangélica, debemos llevar el evangelio a la vida cotidiana, cultural y económica porque estos terrenos son tan distantes del evangelio y los únicos que pueden hacer presencia ahí son los seglares»

A ti, Agente de Pastoral Mons. Clavel te dice: «Sé un enamorado del envío que Jesús te ha hecho, anuncia con tus obras Su palabra. Así como los gentiles decían a Felipe “Queremos ver al Maestro” sientas que los demás piden ver al Señor en ti. Sé tú el evangelio, que en ti puedan leer la palabra de Dios.

Que tu propia vida y tu forma de vivir, confiada y alegre, sea la parte fundamental del anuncio del evangelio.